sábado, 26 de julio de 2014

Ella y él

Sólo quedaban los dos...Ella y él, él y ella, frente a frente, observándose mutuamente.
Todo comenzó una tarde de viernes. 
Ella, cansada de la rutina, decide caminar sin rumbo alguno esperando algún cambio positivo que la haga cambiar de idea. Él tan atractivo, seducía aún más su deseo.
Ella, tan indecisa, ahogada de ira, se dirige a su destino. Él sólo aguardaba en aquel rincón...
Ella era una mujer ciega, terca, desesperanzada. Él era hermoso, brillante, inigualable.
Ella no era nadie, en cambio, él lo era todo.
Y allí se encontraron. Ya era tarde pero ahí estaban, frente a frente, observándose sin motivo alguno. Esa noche fue la última vez que lo vio a él, y ella sé que aún sigue ahí esperándonos a nosotros. 
Ella estaba llena de rencor, y eso era probablemente lo único que le quedaba. Acostumbraba actuar por impulso, claramente esta no fue la excepción, y tentada por el deseo y la seguridad de que yo la engañaba, me engañó. Su despecho era tan grande que la encegueció sin dejarla ver la realidad: yo jamás sería capaz de hacerle una cosa así. La amaba. La amo.
Esa triste y desolada noche en que los vi, ella ni siquiera me notó ahí, pero yo la sentí más que nunca. Casi podía oler su odio y sus celos, su despecho y su profunda tristeza.
Pero eso no cambia las cosas, ella no fue capaz de confiar en mí, y eso la hace, quiera o no, una traidora. 
Sé que ella sigue esperando el momento en el que nos encuentre, nos descubra a mí y a mi supuesta amante, pero eso es algo que nunca sucederá. Yo siempre la amaré, y ella nunca me creerá.


@Incredulas - 26/07/14

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